Sunday, January 24, 2010

Ustedes, mis poetas, son bebés, los acaricio como si todas fueran mujeres. Acabo en sus mentes. Corremos. Me hago cargo de Surearte. Invito a marina al mar. Ustedes, mis poetas, tienen que ir al gimnasio. La poesía es infamia en la más inútil de las formas. Tienen que tener calma. Ya va a llegar quien piense que no son insignificantes. Ya va a llegar el amor o el cáncer. El cáncer de las flores. Mientras tanto tienen que ir al gimnasio. Escuchar depeche mode. Y cojan, sean como el peronismo, cojan pero en sigilo. Lo que importa no es la muerte, es el morir. Lo que importa no es el intento sino el amor. La esclavitud es la peor victoria. Ser poeta es la peor derrota. Bebés bebiendo caricias. Ustedes, poetas, bebés, tienen que pasar de la poesía a la prosa. Y vayan al gimnasio.

2 comments:

Viejo Lobo said...

El amor y el cáncer son la misma cosa. Ambos nacen en las entrañas y nos carcomen desde adentro, amigo Cristopo y al final, cuando con ese abrazo traicionero nos ponen al borde de la muerte, se nos cagan de risa en la cara. Por eso algunos buscamos inútilmente conjurar esos males y nos volcamos con inconciencia de niños a la infamia de la poesía, creyendo que es el bálsamo que aliviará los dolores. ¡Idiotas! ¡Imbéciles! ¿Acaso la poesía nos salvará de la muerte? La muerte y el morir (es cierto que es peor) llegarán de todos modos y en el último instante nos daremos cuenta de la futilidad de nuestras pobres existencias y de la banalidad de la victoria perogrulla de escuchar los versos que destilamos en labios de alguien que los lee sin saber siquiera la razón que impulsó la pluma.
Somos simples seres humanos de carne corruptible y huesos fáciles de roer, hechos de tripas, tendones, sangre y un corazón que apenas es un músculo; para dar paso sobre paso no necesitamos más que una criollita de vez en cuando, un poco de agua y algo de este aire contaminado que supimos conseguir y claro, aliviar urgencias en algún cuerpo que se preste a los efectos. ¿Para qué mierda queremos poesía?.
Amor, poesía, vida ¿habrase visto tamaños desatinos? El amor que siempre miente desde su propio egoísmo; la poesía infame (nunca tan bien aplicado el adjetivo) se erige en panacea sin ser siquiera placebo y al fin la vida, que nos postra adorantes ante su magnánima majestad, esclavos de su sacro nombre y nos abandona en la estacada cuando se le canta las bolas.
“Ser poeta es la peor derrota”, dice usted, también lo es intentarlo sin lograr el cometido pese a todos los gimnasios. Si a derrotas se refiere (y pese a sus inmerecidas palabras en un pasquín austral) las admito todas y me hago cargo.

cristopo said...

La peor derrota es ser humano.